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¿SENSACIÓN O PERCEPCIÓN? EL MITO DEL UNIVERSO PARALELO

Cómo la comunicación decodifica el conflicto de mundos que se creen paralelos por cargar mochilas que parecen diferentes.


 

 

La sensación es el proceso mediante el cual nuestros órganos sensoriales detectan y responden a los estímulos del entorno o de nuestro propio cuerpo. Es el primer paso en la forma en que recibimos datos del mundo exterior.

 

Para entenderlo mejor, propongo resumir esto en lo que llamaré 'los datos de las sensaciones':

  • Detección de estímulos: Nuestros receptores sensoriales captan la energía del entorno. Los fotorreceptores en los ojos detectan la luz; las células ciliadas en el oído captan ondas sonoras y los termorreceptores en la piel registran la temperatura, por ejemplo. Así, captamos lo claro, lo oscuro, el ruido, el silencio, el frío o el calor y otras más. ¿Verdad?

  • Proceso primario y físico: Esto nos lleva a una fase biológica que nos entrega el dato crudo, sin interpretación ni significado. Son señales electromagnéticas o mecánicas que el cerebro aún no ha procesado.

 

Sintetizando: la sensación nos proporciona la materia prima (luz, sonido, presión, sabor u olor, otros). Por sí sola, no nos dice qué objeto causa el estímulo; solo nos avisa que hay algo allí afuera afectando nuestros sentidos.

 

Aquí es donde radica la frontera que todos conocen, pero pocos distinguen: la diferencia entre sensación y percepción. Este límite crucial determina cuándo algo es un simple dato duro y cuándo se transforma en información.

 

Si la sensación es la mera detección del estímulo, la percepción es el proceso mental de organizar, interpretar y dotar de significado a esa experiencia.

 

A través de esta sutil diferencia, la comunicación cobra vida. Las sensaciones —nuestras puertas de entrada al mundo— se traducen en el cerebro en acciones y reacciones. La principal de estas reacciones es la reconstrucción de ese dato duro en 'dato blando', lo que nos permite comprender el entorno y el lugar que ocupamos en él.

 

Esto es, precisamente, lo que hace un estratega de la comunicación al intervenir en un requerimiento (sea personal, corporativo o intrapersonal): proveer de significado a esas sensaciones para construir, con sencillez, una estructura de confianza. Lo hace operando en un terreno en permanente tensión —a veces cargados a punto de explotar, a veces con lo justo para sobrevivir—: esa mochila sociocultural que nos codifica, decodifica y vuelve a codificar desde universos en pleno conflicto, precisamente porque se creen paralelos.

 

En ese devenir, la comunicación se transforma en un proceso de deconstrucción y reconstrucción transversal a cada hito de la persona o de la organización. Su tarea es demostrar que esos universos no son paralelos, sino que colisionan; es buscar esos puntos de fricción y transformarlos en un nuevo espacio donde ambas realidades puedan convivir.

 

Ser un profesional de la comunicación no es salir al mundo a crear universos ficticios y 'bonitos'. Es diseñar procesos —puentes— que hagan brotar la belleza en las intersecciones. En ese preciso instante, y no antes, es donde ocurre la auténtica comunión con el otro.

 

 

 
 
 

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Victor Olivares Creado con Wix.com

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