DOS LLAVES DE LA MISMA PUERTA
- Victor

- 27 feb
- 5 Min. de lectura
Política – Subnacionales – 50/50
A 22 días de las subnacionales, en la región más importante de Bolivia, quienes se apuntan como líderes aún confunden el 50/50. Cruzan cifras, se enmarañan derechos, se levantan banderas, pero se confunden las visiones de cada 50 con la visión integral de un nuevo paradigma: Ciudadano – Territorio – Estado.

Sin tiempo
Quedan 22 días de carrera alocada hacia el sillón de la Gobernación cruceña. Los candidatos se pasean por cuanto estudio televisivo, streaming, radio o canal influyente existe, y en ese trajín, entre tantas “propuestas”, reaparece el 50/50, la bandera de victoria que utilizó el actual Presidente de Bolivia como consigna potente. Pero fue eso: consigna.
Se lo declamó, se lo gritó, se lo reclamó, se lo defendió. Los aplausos fueron tímidos o esplendorosos. Y sin embargo, cuando se apagó el micrófono, los seguidores se preguntaron: ¿qué significa exactamente el 50/50?.
Como hace 150 días atrás.
La contienda por la Gobernación de Santa Cruz lo volvió a poner en pasarela -para desgracia de Rodrigo Paz Pereira-, porque algunos hablan de Pacto Fiscal. Otros apelan a las regalías y a la memoria histórica del 11% de 1958. Se cruzan cifras, se enmarañan derechos, se levantan banderas, pero se confunden las partes con una visión integral.
Casi nadie explica con claridad que el 50/50 no es una cifra mágica con aura simbólica, sino un sistema integral de desarrollo.
Voy a ejemplificarlo, porque en política lo que no se grafica se diluye.
Imaginemos una familia. Esa familia necesita dos cosas para sostenerse: el dinero mensual para pagar luz, agua, alimentos y mantenimiento; y, además, un fondo de inversión para ampliar la vivienda, generar ingresos futuros o financiar los estudios mayores de los hijos.
Si la familia solo recibe dinero para sobrevivir mes a mes, nunca crece. Si lo hace, será demasiado lento y con muchas limitaciones. Ahora, si solo tiene un fondo de inversión, pero no cubre los gastos diarios se desploma en lo cotidiano. Es decir, uno y otro por separados provoca el colapso.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando se discute el 50/50 o… ¿acaso las gobernaciones y alcaldías hoy no están al borde del colapso?
Primera llave: la redistribución tributaria.
Es el dinero que se genera todos los días cuando el comerciante vende, cuando el productor factura, cuando el trabajador consume. Son impuestos al movimiento económico. Ese flujo sirve para sostener hospitales, escuelas, mantenimiento urbano y seguridad ciudadana.
Es el oxígeno del día a día.
Hoy el nivel central concentra la mayor parte de esa recaudación. El territorio genera, el centro administra y luego redistribuye. El problema no es que redistribuya; el problema es la desproporción. Cuando de cada 100 bolivianos que se recaudan, 87 se quedan en el nivel central, la autonomía se vuelve administrativa, pero no financiera.
Es como si el padre de familia recibiera todo el salario de los hijos adultos y luego les devolviera una mesada. Se llama unidad familiar, pero se parece demasiado a dependencia.
La redistribución 50/50 en materia tributaria corrige esa asimetría. Permite que el territorio disponga de recursos inmediatos para resolver sus urgencias sin mendigar autorizaciones.
Pero aquí viene el primer martillo conceptual: esto no crea riqueza nueva. Solo cambia la cañería por donde circula.
Segunda llave: las regalías y la renta de los recursos.
Aquí ya no hablamos del impuesto al panadero ni del IVA de la soda. Hablamos del subsuelo, del gas, del litio, de la minería, de la energía, de los activos ambientales, de los bonos de carbono. O de los recursos hídricos y eólicos.
Es otra dimensión.
Sigamos con el ejemplo. Si en el patio de esa familia se descubre un pozo de petróleo o una veta de litio, no estamos hablando de ingresos cotidianos. Estamos hablando de patrimonio. De capital estratégico. De una oportunidad histórica que no se repite para esa familia. ¿Se comprende?
Las regalías no son para pagar el barrido de la plaza ni para cubrir salarios en salud, educación o seguridad ciudadana. Son para financiar represas, parques industriales, universidades tecnológicas, fondos de reconversión productiva, redes viales terrestres e hídricas. Es decir, son la posibilidad de que, cuando el recurso se agote, la región no quede con el hueco y la nostalgia, sino que su estructura estratégica a mediano y largo plazo permita la reposición de lo agotado o la resiliencia con nuevas perspectivas.
Aquí el ejemplo es sencillo: el impuesto es el salario; la regalía es la herencia.
Con el salario se vive. Con la herencia se decide qué futuro construir. Y esa herencia, bien administrada, puede convertirse en más herencia para las generaciones venideras, sea por reposición o por resiliencia.
Cuando algunos candidatos hablan solo de Pacto Fiscal, están discutiendo el salario del departamento. Cuando otros invocan únicamente el 11% y las regalías, están discutiendo la herencia del departamento. Pero el desarrollo serio necesita ambas cosas.
“Sin flujo diario, no hay estabilidad. Sin inversión estratégica, no hay despegue”.
Por eso digo que el 50/50 es una puerta que se abre con dos llaves.
El rol del Gobierno Central: lo que no se puede soslayar
En esta arquitectura, el nivel central no desaparece ni se debilita. Su función no es decidir dónde se asfalta cada calle o qué jardín regar y cuál secar. Su función es otra: garantizar seguridad jurídica, defensa externa, política macroeconómica, relaciones internacionales y estabilidad institucional.
Es decir, diseñar la geopolítica interna con visión exterior.
Un Estado moderno no es dueño absoluto del territorio; es administrador de equilibrios. Si concentra todo, asfixia. Si se retira por completo, fragmenta. El punto de madurez está en la distribución consensuada de competencias y recursos que los gobiernos departamentales delegan al país. Ese es el cambio de paradigma que, hasta ahora, solo vi claramente en un candidato.
“Cuando el 50/50 se reduce a consigna, se vuelve grito. Cuando se lo entiende como sistema, se convierte en contrato”.
Ciudadano – Territorio – Estado
Y aquí está el fondo del debate que hoy no se está dando con suficiente claridad: no se trata de confrontar Santa Cruz contra el nivel central, y menos aún con el resto de los departamentos. Se trata de redefinir la relación entre Ciudadano – Territorio – Estado.
Autonomía no es rebeldía. Autonomía es responsabilidad financiera y planificación estratégica.
Quien defienda solo una llave está ofreciendo una autonomía incompleta: o administrará mejor la escasez o soñará con inversiones sin caja diaria para sostenerlas.
El verdadero 50/50 no es una cifra simbólica. Es una estructura de doble soporte: redistribución tributaria para sostener el presente y renta territorial para construir el futuro.
Lo demás es ruido de campaña. Y cuando el ruido pase, quedará —como siempre— la capacidad técnica de haber entendido el mecanismo o la frustración de haber confundido un eslogan con una política de Estado.
La coyuntura actual no está para demoras ni para políticos disfrazados de estrategas. Demanda estadistas que mañana puedan ser recordados como los héroes del despegue regional, como lo fue el Dr. Melchor Pinto Parada en 1958.
Por Victor Olivares



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