¿EN PRESENCIA DE UN “…MI MACHO 2.0”?
- Victor

- 24 mar
- 4 Min. de lectura

Un tercio ya cree en el bucle de la inmediatez… ¿Y ahora qué?
A menos de 48 horas, ya se comienza a hablar de la segunda vuelta cruceña —o ballotage, para los que aspiran al alto vuelo de analistas políticos casuales—. Por un lado, un hombre de cuatro décadas que, en tan solo ocho meses, construyó una imagen política basada en la epopeya y la mística de la tecnología como fuente de toda razón y justicia. Del otro lado, un hombre de más de seis décadas, con el cuero curtido en eso de ser político; alguien que, desde mi estancia en esta bendecida tierra, siempre se construyó en el andar bonachón y el dicho jocoso a flor de piel, ese que muchas veces lo convierte en alguien insolente y directo al decir las cosas, más aún si son políticas.
Las cartas están sobre la mesa. Cada cual decidirá el porqué y el para qué de su jugada. Pero eso es harina de otro costal.
Aquí hay que detenerse en otra cosa.
No en el “político cruceño” —no en los candidatos—, sino en el ciudadano cruceño y su ser político. Ese ser que es instituyente e instituido; ese que construye para destruirse y reconstruirse a través de sus propias cenizas.
Porque ahí está el verdadero problema; y también la clave.
Recuerdo una frase leída en una pared grafiteada en La Plata, por los años 80: “Si no tenés pasado, no tenés futuro, solo estás condenado al eterno presente”.
Siempre creí que esa frase era una mística apocalíptica para despertar a las masas, para empujarlas a hacer historia y, desde allí, forjar el futuro. Siempre lo creí… hasta que pasaron los sucesos de 2019.
Ahí algo cambió.
Hasta entonces, el ser político se movía en una línea de tiempo: el pasado construía al presente y el presente proyectaba el futuro. Lo instituido ordenaba lo instituyente. Había continuidad, incluso en el conflicto.
Pero el 2019 quebró esa lógica. No generó simplemente un cambio político. Forjó un nuevo tipo de ser político.
No es oportunismo. No es volatilidad electoral… Es algo más profundo.
Es el nacimiento de lo que denomino: el Ser Presente.
· Un ser político que no se explica desde el pasado ni se proyecta al futuro.
· Un ser que vive en el aquí y ahora.
· Un ser que irrumpe, crea tendencias… pero no agenda.
Y en ese punto radica la fractura. Porque quien intenta imponer agenda (es decir, quien intenta planificar el mañana) es rápidamente rechazado, desarmado, “descuartizado” en términos políticos.
El caso más claro fue el de “Camacho, mi macho”. Su irrupción no fue casual. Fue el resultado de más de 50 años de acumulación histórica, de tensiones, de luchas, de una identidad regional que encontró en un momento crítico su punto de explosión. Él estuvo ahí. En el lugar y momento indicados.
Pero su caída tampoco fue casual. Fue el mismo ser político que lo elevó… el que luego lo descartó.
Ahí se consolida el patrón: El Ser Presente convierte a alguien en omnipresente por un instante. Lo necesita. Lo consume. Lo utiliza.
Y luego lo descarta, para volver a empezar; y así vuelve a construir otro y luego destruirlo. Un ciclo permanente: Un bucle… Y aquí aparece el problema de fondo.
Este ser político del presente entiende (o intuye) que el futuro es oscuro, producto del pasado. Pero en lugar de intentar corregir ese rumbo, decide habitar el instante, es decir: en la lógica del presente perpetuo.
Esa forma no construye faros, solo prende fuego para iluminar el momento. Y en ese instante, en ese acto, se transforma en prisionero de sus propias decisiones.
Hoy, ese comportamiento no es marginal, representa aproximadamente un tercio del electorado.
· Un tercio que no responde a lógicas tradicionales.
· Un tercio que no busca coherencia histórica ni proyección estratégica.
· Un tercio que condiciona, tensiona y redefine el tablero político.
Ese es el escenario real de la segunda vuelta: no son dos candidatos compitiendo; son dos candidatos enfrentando una lógica social que no responde al pasado ni se compromete con el futuro.
Si pretenden construir algo más que una victoria circunstancial, deberán comprender esto con rapidez.
Deberán romper la lógica del presente perpetuo (ese aquí y ahora). En otras palabras, deberán reconstruir la conexión entre pasado, presente y futuro. De lo contrario, no liderarán y pasarán a apenas otro episodio.
Esto es ajedrez político: Quien logre leer las jugadas del pasado, adaptarlas al presente y proyectarlas con sentido… tendrá alguna posibilidad de construir futuro… quien no, será devorado.
Y por qué…
· Porque ese tercio no perdona.
· Ese tercio acelera los tiempos.
· Ese tercio provoca nacimientos y muertes políticas en velocidad inédita.
Y cada vez que alguien intenta ordenar el caos, imponer dirección o proyectar horizonte… es decir trazar un agenda o hoja de ruta… ese mismo tercio lo empuja al abismo.
Entonces la pregunta no es quién ganará la elección. La pregunta es otra:
¿Quién logrará sobrevivir al Ser Presente (a ese tercio del aquí y ahora)?
Porque si no aparece una mirada estratégica (una que vuelva a integrar pasado, presente y futuro), lo que vendrá no será un nuevo liderazgo… será simplemente otra versión de un “…mi macho 2.0”.
Y entonces diremos, una vez más:
Se cambió el collar…pero el perro sigue siendo el mismo.



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