LA CANCELACIÓN DEL PASADO
- Victor

- 14 abr
- 3 Min. de lectura
El bucle del eterno presente que nos deja sin identidad… y sin fuego sagrado.

Por #VictorOlivares
El tijeretazo digital
La cultura de la cancelación hoy no solo busca silenciar a un individuo; está buscando cancelar el tiempo. En esa búsqueda, una gran parte del ciudadano elector vive en un "eterno presente" donde lo que pasó hace una hora ya es viejo y lo que ocurrió hace 70 años (como el hito de 1958) es un archivo pudriéndose en el cementerio de los recuerdos.
Esa búsqueda hace que todo sea inmediato, y en esa inmediatez es la "aguja hipodérmica" la que mantiene sedado a ese ciudadano elector mientras lo despojan de lo que realmente importa.
El cuerpo: la identidad como perfil desechable, del segundo cuarto al tercio en crecida
Durante décadas, la identidad patrimonial cruceña tuvo anclaje en la acción y reacción para y por la libertad (libertad de pensamiento, libertad política, libertad económica, libertad social, libertad de producción…) autogestionada en función de una visión.
Sin embargo, entrando al segundo cuarto del siglo XXI, hay un tercio de la sociedad que vive en el bucle de la pantalla y entiende a la libertad como el derecho a usar un piercing o cambiar de estética, opinar en 20 segundos, reclamar en menos y “bloquear” en milésimas de segundo, ignorando que la libertad de hoy fue forjada con los pies en la tierra.
Cuando las generaciones "cancelan" (o, si cabe el término, “bloquean”) su historia porque no encaja en el algoritmo de hoy, están dando un tijeretazo a su propio tipoy. Al ningunear el pasado, se autoconstruyen como "borradores"; es decir, esbozos de primeras líneas vulnerables a cualquier tapiz, a cualquier pincel, a cualquier “pintor”, y pierden la capacidad de defensa contra el avasallamiento ético y territorial.
La metáfora de la pantalla vs. el territorio
La cancelación es un mecanismo simbólico, pero mientras el ciudadano elector se distrae "bloqueando" el discurso en la pantalla (el realismo mágico), la realidad material avanza a pasos firmes en el campo de batalla, (el realismo duro): los bosques son tomados, el medio ambiente y sus recursos son ‘desnaturalizados’, las ciudades se vuelven sombrías y la familia se desvanece.
La táctica del vivir el "hoy" (algunos distraídos dirían “el vivir bien”) ha superado a la estrategia del futuro, haciendo un avasallamiento frontal sobre los valores, la ética y el principio con el que se forjó esta región: el rugido libre de un león.
Hoy el león ya no ruge, solo grita con desesperación. El ciudadano elector cancela a su otro ciudadano elector, ya sea en X, Facebook, TikTok…, pero no se da cuenta de que solo bloquea la virtualidad, mientras que la materialidad avanza a paso redoblado sobre esos valores y principios del oriente boliviano: su cultura y su patrimonio están siendo desplazados por la reciclada cultura de la imposición y el sometimiento.
El despertar de la quietud
La salida no es dejar de reaccionar, sino dejar de construirse como “seres borradores”. La política debe dejar de ser un "sueño mágico de realismo digital” y volver a ser una herramienta que gestione el conflicto sin destruir las propias bases.
Si no se recupera la visión estratégica del pasado-presente-futuro, se seguirá con una sociedad que grita en digital y resuelve en digital, pero que, en lo real (en lo material) el agotado y herido león continuará desangrándose entre los jirones de un tipoy que ya no puede dar batalla.
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