La claridad está en tu ser [Sólo se trató de explicarlo fácil]
- Victor

- 11 feb
- 3 Min. de lectura
No te preguntes por qué la comunicación del otro es fácil, pregúntate cómo es mi claridad, mi brevedad y mi sencillez al momento de comunicar.

En ocasiones, en capacitaciones en gestión de comunicación, he encontrado como respuesta:¡Claro, para usted es fácil, todo lo dice fácil!...
Y en ese mismo instante, detengo el tema en cuestión e introduzco al grupo en el “método Feynman”, explicándoles que es una técnica de aprendizaje diseñada para entender profundamente cualquier tema, simplificándolo al máximo.
Esta herramienta nos allana grandes caminos cuando de comunicación se trata para establecer los mensajes que debemos desarrollar.
El método no es magia.El método no es truco.El método no es poción.
Es un convite a comprender de forma profunda el tema que se desea desarrollar, que va más allá de la magia, el truco y las pociones superadoras.
Habiendo desmitificado que la comprensión es algo “superador”, el método tiene como punto de partida un concepto sencillo pero exigente: apropiarse de un concepto, idea, situación o acontecimiento y explicarlo como si se lo contáramos a un extraño sin conocimientos previos, noticias ni datos.
Cuando sucede el proceso de “contarlo”, aparecen las zonas vacías, grises, de conflictos y confusiones. Y en ese mismo instante nuestro cerebro comienza a desarrollar el aprendizaje, que en nuestro caso, a elaborar la comunicación real.
¿Y todo ello por qué…?
Porque hay una elección de un tema:
Será el eje del mensaje a comunicar y lo desarrollamos a puro papel y tinta en función de lo que conocemos o creemos saber de él.
Porque debe explicarse con lenguaje breve, sencillo y claro —los tres ítems de la comunicación básica—, evitando tecnicismos innecesarios, palabras rebuscadas o científicas. Para ello, imagina que tu interlocutor es un niño.
Porque se pueden detectar las lagunas de comprensión:
Aquí se procede a evaluar lo desarrollado y detectar en qué momento o situación se producen confusiones o vacíos. Entonces, se vuelven a reeditar los procesos en función de mejoras para la comprensión del mensaje.
Porque se debe simplificar y repasar:
El mensaje debe reorganizarse y simplificarse para que se traduzca en una explicación clara y coherente. Se repasa cuantas veces sea necesario para erradicar todo elemento que pueda causar ruido en el proceso de comunicación.
Para un comunicador este método es de gran utilidad. Y para quienes se encuentran en relaciones públicas, atención al cliente, área de capital humano, de administración y de gestión de una DIRCOM, captar su esencia es altamente positivo porque:
Permite estudiar con profundidad el mensaje.
Ordena el pensamiento del propio mensaje.
Procura minimizar la falsa sensación de saber.
Hace que el dato se convierta en información y conocimiento en el interlocutor y, con ello, establecer una comunicación de “espiral ascendente”, por cuanto el interlocutor valora el mensaje como a quien se lo dice.
Cuando este tema se introduce por las ventanas de las capacitaciones, me surge una sensación de placer, porque me permite exponer que “conocer y saber” no es un cúmulo de palabras complejas, sino llevar todo conocimiento a una claridad basada en la simpleza y la brevedad de la palabra.
Resumiendo…
Comunicar no es impresionar, es comprender.
Para comprender, primero debes entenderte.
La claridad no es un recurso retórico; es una consecuencia de tu nivel de profundidad.
Si no puedes explicarlo fácil, no es que el otro no entienda… es que tú aún no lo has hecho propio.
Por eso la comunicación no comienza en la boca, comienza en el ser.
Y cuando el ser es claro, la palabra se ordena sola… y es ahí —y sólo ahí— cuando comienza la verdadera espiral ascendente.
Por Victor Olivares



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