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O APLAUDES O CORTAS EL BOLETO

"él te conoce bien que sólo busca que compres su imagen"


Deja la intensidad. Bájale a tu fanatismo, a tu adoctrinamiento... Así lo dijo, palabras más o palabras menos, un tal Facundo Cabral. Como todo en la vida, se vive y se siente en una constante constelación de contradicciones, que son tan fascinantes como angustiantes.

 

El político, por naturaleza, es un ciudadano; pero la relación que muchos desarrollan con ellos no es de "mandante a mandatario", sino de fandom o tribu. Aunque racionalmente sepamos que el político no sabe quiénes somos, los motivos por los que la gente los defiende con esa intensidad casi inhumana tienen raíces psicológicas y sociales muy profundas, las cuales me permito ver desde la perspectiva de la comunicación política:

 

1. El sentido de pertenencia (Tribalismo)

El ser humano tiene un instinto evolutivo de pertenecer a un grupo para sobrevivir. No nace, reproduce y muere "solo". No hay humano que tenga la potestad de decidir por motu proprio (por cuenta propia) estar solo, porque sabe perfectamente que eso termina con su condición humana. La comunicación política no ignora esta realidad; la explota.

 

El vínculo, por naturaleza, son los procesos de comunicación donde la política moderna ha reemplazado a la religión o a la comunidad local, y crea eso de “somos un equipo” donde tú estás porque yo estoy, en comunión y comunicación.

 

2. Identidad vista como imagen:

El seguidor no defiende al político; se defiende a sí mismo y a su “equipo”. Aquí se produce el contrasentido del cual es político se vale, pues, el ciudadano proyecta su identidad en la imagen del político, por tanto esa “imagen apropiada” será blanco de aplausos o silbidos. Si el político es atacado, el fan siente que su propia identidad y valores están bajo fuego.

En ese momento se crea eso de “Nosotros vs. Ellos” mediante una mentalidad donde la victoria del "líder" es la victoria de la tribu (el “equipo”), y la derrota es una amenaza existencial. De eso se vale la comunicación política: de crear eslóganes percibidos como triunfos dentro del caos y la incertidumbre. "Estamos mal, pero vamos bien", o "Por los niños ricos que tienen tristeza". ¿Se acuerdan de esas frases? Suenan a broma, pero fueron tan ciertas como que el sol sale por el naciente y se esconde en el poniente, ¿o no?

 

3. Los sesgos

3.1. Sesgos cognitivos y razonamiento motivado

Nuestra mente no siempre busca la verdad; busca tener la razón. No más, señor juez, porque sé que aquí y ahora tengo la “verdad” en este tribunal, no la razón.

 

3.2. Sesgo de disonancia cognitiva:

La comunicación política crea procesos para que el ciudadano tenga un manto de "tranquilidad" (la paz artificial de conciencia) y no padezca el dolor mental de aceptar que el político al cual apoyó lo defraudó o es corrupto. Para evitarlo, el cerebro inventa excusas, ignora pruebas o culpa al "otro".

 

3.3. Sesgo de confirmación:

Solo consumimos información que valida lo que ya creemos, reforzando el adoctrinamiento. Dime con sinceridad: ¿qué comunicación política refuta lo que usted ya cree de ese político al que le dio su apoyo?.

 

4. La esperanza y la "Deprivación Relativa"

Mucha gente apoya con intensidad porque siente que el sistema les falló. Ese sentimiento es la deprivación relativa, por cuanto creas una brecha que condiciona la decisión entre lo que se tienes y lo que se cree merecer.

 

Cuando aparece un político que usa una narrativa de resentimiento o que promete "vengar" a los postergados, la gente se entrega a él no por lógica, sino por esperanza emocional (deprivación relativa).

 

Así el político pasa a ser el salvador de sus miserias, o un vehículo para castigar a quienes perciben como sus enemigos. Ahora, con sinceridad: ¿cuántos políticos conoces que han ganado una elección por el mero hecho de presentar una comunicación política basada en el resentimiento y la venganza?

 

5. Relaciones clientelares, de conveniencia y/o tráfico de influencias

La comunicación política sabe que no todo es relación de fanáticos ciegos; hay sectores que dependen directamente de que ese político mantenga el poder para conservar empleos, subsidios o beneficios. Allí, la comunicación crea un micro clima donde los grupos de poder confluyen en una agenda mediante opiniones, tendencias y grupos de presión que hacen el trabajo de expansión de la contradicción. La comunicación política clientelar no construye puentes; construye muros donde rebota el eco de la voz del político en conveniencia.

 

¿Son ciudadanos, al fin y al cabo?

Claro que lo son, pero en el juego del poder, el político profesional se convierte en un símbolo (y recuerda que el símbolo tiene identidad e imagen en coherencia);sin embargo, para el seguidor intenso, el político deja de ser una persona de carne y hueso -que efectivamente no lo conoce- para convertirse en la encarnación de sus propias aspiraciones, miedos y odios.

 

Como bien dices reinterpretando a Cabral, el primer paso para la libertad ciudadana es recuperar la dignidad crítica. Entender que ellos son empleados temporales y nosotros, los jefes que deben exigir cuentas. La democracia no necesita hinchas; necesita auditores. El aplauso es para el teatro; para la gestión, la decisión con información… y por qué no dar el salto de espectador que aplaude o abuchea, al del ciudadano que controla los boletos del teatro universal.



 
 
 

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Victor Olivares Creado con Wix.com

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