PASADO LOS 100 DÍAS, SABREMOS SI SEGUIREMOS SIENDO CIUDADANO O HINCHAS
- Victor

- 20 abr
- 3 Min. de lectura

"Los nombres de las vallas cambiarán y el Estado seguirá; solo falta decir en qué lugar quieres estar en el campeonato."
Por #VictorOlivares
Solamente pasaron 12 horas y las redes ya destilan un fanatismo sin rumbo en esta "nueva" Santa Cruz. Esa algarabía que reina tras conocerse los resultados de la Segunda Vuelta es la clave para comprender lo que muchos expondrán en los primeros 100 días. Sin embargo, por ahí no va el asunto; el meollo está en romper los ciclos del fanatismo diferenciando tres elementos vitales: la lealtad política, la exigencia ciudadana y la inmediatez del “ser presente”.
De la combinación de estos tres surge un cuarto elemento que aún no desciframos si es “carisma” electoral o verdadera “capacidad” de gestión. En esta Santa Cruz que aún sigue en formación, nos enfrentamos a cuatro realidades crudas:
1. La existencia del "Mesías" electoral
En elecciones, la polarización convierte candidatos en semidioses. El ejemplo más contundente es la figura del actual gobernador saliente, Luis F. Camacho, que demostró el fervor y la lideración de las calles en la histórica gesta de un pueblo aturdido por la desidia que culmina en el 2019 no se traduce automáticamente en eficiencia administrativa. El error ciudadano es "enamorarse" del candidato; ese romance genera una ceguera que impide ver las falencias técnicas hasta que el daño ya está hecho. A la gestión no se la ama, se la mide.
2. La falacia del "Buen Gerente"
Es vital diferenciar la administración privada de la cosa pública. En una empresa, el administrador busca rentabilidad: puede liquidar activos, cerrar sucursales o declararse en quiebra si fracasa, y volver a empezar con un nuevo emprendimiento.
En cambio, en la gestión pública, se gobierna gestionando derechos, obligaciones y servicios inalienables. Pero hay algo más controvertido: se gestionan conflictos sociales donde chocan intereses filosófico-políticos sobre el cómo y a quién se redistribuye. La cosa pública no se puede vender ni cerrar. Postular figuras como JP Velasco bajo la premisa de que "sabe manejar empresas y es un exitoso empresario" es un riesgo si no se le exige formación en derecho público y gestión estatal. La gobernanza no es un balance de pérdidas y ganancias; es política social.
3. Romper el "Bucle de la Masa"
El fanatismo, provenga de oriente o de occidente, ópera bajo la misma lógica: la anulación del pensamiento crítico. Si cuestionar a un líder te convierte automáticamente en un "traidor" ante los "cambas bravos", estamos replicando exactamente el autoritarismo que decimos combatir. La verdadera democracia requiere ciudadanos, no hinchas.
4. El peligro del "Ser presente"
Cuidado con este 'ser', pues tiene esa pulsión impulsiva de defender a un político por encima de las normas de convivencia y del razonamiento que brinda el pasado. Esa premisa del “presente”, es decir vivir el "aquí y ahora" provoca que el "imprescindible" de hoy sea el "inoperante" de mañana. El pasado constituye nuestro presente y planifica el futuro; ignorarlo es condenarse al ciclo del error eterno, es colocar combustible al motor del bucle.
A tan solo 12 horas del resultado, entiendo que el camino no es cambiar de ídolo (aunque muchos ya estén buscando el nuevo altar), sino dejar de tener ídolos. La gestión pública debe ser auditada con la frialdad de quien evalúa un servicio contratado, no con la pasión de un linaje defendido.
Los nombres y los rostros en las vallas cambiarán, pero la estructura del Estado permanece y nos exige madurez. La primera partida ya tiene un ganador, pero faltan las partidas que definen un campeonato. Santa Cruz no necesita más fe ciega, necesita ojos abiertos y cuentas claras.


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